casa PVA
Guadalajara, Jal.

Hay casas que se imponen sobre el suelo y casas que aprenden a flotar sobre él en un abrazo silencioso. Esta residencia nace de una premisa poética: eleva su masa sobre la tierra para convertirse en un pabellón de aire y sombra, un refugio donde los límites de la vida cotidiana se disuelven entre la naturaleza.
En la planta baja, la arquitectura renuncia a la solidez para volverse un susurro. Los grandes ventanales desaparecen por completo dentro de las entrañas de los muros, abriendo los espacios de par en par a la hierba húmeda, a la brisa de la tarde y a los aromas del jardín. Bajo el cobijo de un cálido cielo de madera que se extiende hacia el exterior, la sala y el comedor habitan en un umbral continuo donde el interior y la intemperie son una misma cosa.








